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viernes, 13 de marzo de 2015

Hola y adiós.

Hola, de nuevo.

Parece que, otra vez, estamos frente a frente. No quisiera decir que te extraño, pero... al parecer no hay otra forma de expresarlo: me haces falta.

Podría decir que ha pasado una eternidad desde la última vez que nos vimos, aunque realmente no haya sido tanto tiempo: uno, dos años, quizás. Pero has cambiado, he cambiado y ya nada podrá regresarnos a lo que éramos, aunque nada nos permita dejar que ser lo que somos.

Llevaba tanto tiempo esperando una comunicación tuya, que he perdido la esperanza de tener algún contacto y por eso te escribo. El trabajo no permite algo más que salir a caminar, bajo obligación, por un par de calles, siempre iguales; la ciudad pierde su encanto cuando se reduce a pocas cuadras y un reparto que nunca cambia: trajes grises, caras serias, mentes de concreto. Haces tanta falta que ya no salen las palabras y este no es más que un impulso desesperado en una noche de insomnio. Pero tu ausencia y mi silencio sólo confirman que no regresarás, que tendré que buscar razones y trabajar con asiduidad y perseverancia... No puedo negar que tengo miedo y, empero, aquí estamos, frente a frente, ¡Inspiración!

Siento un inmenso miedo al cambio, pero creo que no hay otra forma de continuar. He de seguir mis pasos y dejarte ser libre, sin más. Debo hacer mi camino más allá de tus dictados, tus susurros escondidos tras las gotas que caían sobre mi ventana, las lágrimas deslizándose por mis mejillas y la frustración de ser quien soy.

Considera estas líneas como un adiós.


domingo, 29 de diciembre de 2013

Inocentada.

El amor entró por la ventana y dejó una nota que decía "pásala por inocente", pero era veintinueve de diciembre y ya no podía ser una broma.

lunes, 29 de abril de 2013

Tratando a la sombra roja, de Alejandra Pizarnik



TRATANDO A LA SOMBRA ROJA

su soledad maúlla
ceros y ceros
vertiente de olores ingenuos
retina ante desconocido
las brisas sonantes
retornan picando
su ser de sonrisas
y dientes abiertos
reír en la noche soleada
del vigoroso participio




A setenta y siete años del nacimiento de Alejandra Pizarnik, su poesía maullando, riendo en la noche soleada del vigoroso principio de su aquiescencia acabada por el miedo de otras voces, sus voces inmortales escondidas tras los trozos de infinito de sus pupilas pulverizadas de tanto mirar la rosa; su alma esperando a que ella y la que fue se encuentren sentadas en el umbral de su mirada...

"explicar con palabras de este mundo 
que partió de mí un barco llevándome"

jueves, 30 de agosto de 2012

Testimonio


He sentido la piel de la serpiente sobre mis labios.
he reído a carcajadas mis penas,
cínicamente sonreído a los insultos,
calladamente afrontado los problemas,
he sentido un miedo incómodo,
he escapado de mí sin haberme visto en un espejo,
corriendo desesperadamente por un camino cubierto con espinas,
huyendo de lo que no conozco.

Descubrí imágenes desdibujadas con trazos horrendos
rompí cristales de imaginarios imaginarios
canté ebrio de sinrazón
me enamoré de un falso triunfo
sufrí en silencio
grité mi dolor un tiempo
abracé la nostalgia
perdí la batalla con la melancolía
y lloré bajo el abrazo de la noche.

Pensé en el sentido de la vida y me encontré con respuestas que no tenían soluciones
salté al abismo infernal de la humildad y me quedé estancado
odié la altanería y la prepotencia
y me vencieron en un duelo sin armas ni padrinos
me suicidé pensando en la soledad y la esperanza,
y cuando agonizaba escondido dentro de un closet
observando el negro de la ceguera
y los colores del fosfeno
escuché dentro de mí un grito:

Un grito sordo, una canción olvidada, una ilusión desilusionada
un tiempo para vivir la muerte en soledad, un hada
verde estancada en un vaso con azúcar derretida con agua
un frasco de sueños, roto
un silencio solo y taciturno:
eso es la melancolía, como sentimiento.

Sumergí mis pies en el estanque la melancolía
y fui encantado por el canto de sirenas cubiertas de nostalgia.

Caminé por desiertos libres de espejismos
y no creí en los oasis que la vida me obsequiaba
no bebí el agua de los cactos
ni caminé por senderos marcados por beduinos;
llegué a la ciudad cansado
y no quise encontrarme con gente del pasado
pero me persiguieron hasta encontrarme
los fantasmas de mil años perdidos
en caminar sin rumbo
en soñar con un cambio radicalmente radical,
conmigo a la cabeza.

Desistí de mis grandes ambiciones
y fui visto como una de las grandes mentes destruidas de alguna generación
sucumbí ante mis capacidades y derroché mis objetivos
hasta quedarme solo entre gente que me aprecia
y luché con todas mis fuerzas por aquellos para los que jamás signifiqué.
Defendí con mi pluma causas imposibles
y escribí con lápiz que borró el tiempo lo que realmente me importó,
entonces no importó nada más que lo que no importaba,
el tiempo destruyó lo verdadero
se perdieron los valores
y quedaron mis días dedicados al amor
y el sufrimiento dedicado a mis días:
allí quedó sembrada la inextractable piedra de la locura.

Jade en sus ojos había
En su ilusión me quise hallar
Situándome en su pedestal
Sin saber cómo actuar
Intenté querer, traté de amar y fracasé
Cuando ya no había vuelta atrás
Anduve vagando entre sus sábanas, sabanas y valles.

Fui condenado a amar
Y firmé mi sentencia de muerte
Con una confesión
Construida con poesía.

Amé sinceramente y me dejé llevar
Levanté mis ojos al cielo de la ilusión
Engendré los más puros deseos y sentimientos
Jamás me rendí frente a los imposibles posibles y plausibles
Anduve equivocándome paso a paso en los caminos oscuros del cariño
Nadé en las aguas mansas de la excitación y fui vencido
Di todo lo que pudo y lo que no pude dar
Ratifiqué mi posición equivocada con aire cínico y risa a carcajadas
Amé sinceramente y fui condenado a amar.

He estado por fuera de mí,
Sufriendo la necesidad de volver al mundo
De conspirar contra mis sueños y mis utopías
De mirar las cosas como realmente son
Como no quiero verlas.

Me alejé de los barrancos del exceso
aprendí la lógica de la máquina estereotípica que desea la sociedad
e interioricé los ideales y la justicia que deseaban los libros de urbanidad;
cuando me encontré viviendo me descubrí un fracaso
y no tuve fuerzas para luchar contra la contradicción
entonces fui la contradicción
me entregué a la contradicción
contradije la contradicción
y las lágrimas se tornaron en risas
las risas en palabras
las palabras en silencios
los silencios en soledad
la soledad en nostalgia
la nostalgia en melancolía
la melancolía en escapes
al vacío de interior de mis ojos apagados
muertos
carentes de emociones
e incapaces de llorar.

Me aislé del mundo y creé uno mío
con palabras de otros
leí algunos libros encontrando referencias
historias y mundos
que hice míos
y hasta pensé que la vida es un libro
que los héroes existen
no sólo por un tiempo
y solo estuve solo.

En la insoportable levedad descubrí mi insoportable pesadez
ensordecí caminando por las calles hasta morir de frío
dejé mi cuerpo en Cali, Colombia, nuevo mundo, o tal vez en la luna, no lo recuerdo
convertí en estrategia mi táctica, quererte como sos,
y abandoné la esperanza cuando descubrí el engaño...
no hay estrategia.
Dividí mi alma con el lobo
sin percatarme de que puede cazar estando solo
y no me quedó nada
salvo un corazón que es un león enfrenado y una espina que me hiere
enterrada en su pata.
Me enamoré de la soledad que debería tener alas
y no aprendí nada sobre pájaros, ni sobre la historia del fuego
miré la rosa hasta pulverizarme los ojos
sin terminar nunca lo que nadie jamás empezó
no aprendí a nombrar lo que no existe
y en el umbral de mi mirada jamás estaremos yo y el que fui.

Fui incapaz de poner de presente algunas cosas que quería dejar en claro
estuve desnudo y no bastó para volver al paraíso
y sucumbí ante el encanto de la poesía de X-504.
Escribí poemas que llevaban por nombre sucesiones intestadas de letras con vida propia
escritas por manos muertas de un niño muerto solo
asesinado cruelmente por la vida.
Me desdoblé en un cuento escrito en un día sobre una idea de meses de insomnio
y canté la muerte de un alguien de otro alguien sin el menor sentimiento
con un ritmo incierto y una voz de miedo.
Compuse a la falta de inspiración con palabras inspiradas en un nombre de mujer
me enamoré de los cuentos de Cortázar y sufrí la decepción de jugar rayuela por el temor de pensar
me perdí en las entrevistas de Gonzalo Arango y hablé de nadaísmo con desconocidos
perdí los estribos eligiendo unos ojos, una sonrisa, una mirada ante la elección de un lugar
hice un trato a la izquierda del roble con un amor que nació como un niño muerto
y reí con la miseria de don Simeón
cuyo sufrimiento no duró cien años, pero sí sesenta.

olvidé mis libros y los cambié por canciones
por acordes con séptimas y novenas
por guitarras y trompetas
y escrituras impulsadas por el insomnio de las dos de la mañana
caminé bajo la lluvia pensando en esconder mis penas
o entregárselas a las alcantarillas y me fueron devueltas con intereses
canté maravillado por una voz que se pierde en espacios abiertos
me escondí en la salsa y el heavy metal
me perdí del mundo una vez más
para buscar música nueva
y al volver descubrí que todo estaba escrito
que todos se parecen de alguna manera
y quise llorar pero me contuve
y no porque así lo quisiera.

me cansé de andar contra la corriente
pero mis sonrisas fueron devueltas con puñaladas
mis credenciales fueron rotas en frente de mis fantasmas
y las voces cedieron a los gritos de dolor inmarcesibles
de la cruda realidad.
un espanto suicida se apoderó de mis extremidades
y subí hasta el último piso de mi ego para descubrir que allí había un sótano
corrí por las ventanas de mi imaginación y rompí algunas de las más altas
para tener de donde saltar
pero cuando me disponía a abandonarme a la euforia de la caída
mi propia mano me sostuvo
y estuve a punto de gritar mi silencio en una nota larga y desafinada

finalmente me perdí en las arenas de la escritura
y la muerte de mi corazón no logró que las palabras no bastaran,

Y mis silencios gritaron
y mis ojos se apagaron
y mis melancolías se concentraron
y mis ruidos callaron
y mis ambiciones se agotaron
y mis sueños se quebraron
y mis tiempos se pasaron
y mis esperas continuaron
y mis modales quedaron
y mis pensamientos se mataron
y mis descansos se acabaron
y mis amores escaparon
y mis pasos se acortaron
y mis caminos se alargaron
y mis utopías se realizaron
y mis pesadillas me asaltaron
y mis nadas no se relativizaron
y mis lágrimas cesaron
y mis risas caducaron
y mis mundos colapsaron
y mis realidades me abrumaron
y mis palabras se acabaron.

viernes, 27 de julio de 2012

Un tiempo para sufrir

También debe existir un tiempo para llorar y para sentirte triste, para dudar de ti y de los demás, ha de haber un momento, aunque sea, de desesperación en la calma, de parar un segundo para contemplar todo lo malo y dejarse llevar por las palabras ajenas, las imágenes de otros y jugar con la paranoia constante que llevamos dentro, el delirio maldito de sentirnos mal estando bien y de no confiar en lo que, creemos, amamos. Es necesario darse un tiempo para sufrir escuchando las palabras conocidas por nosotros, tan amadas, tan importantes y tan poderosas en toda su violencia, en la intempestiva fuerza de la frustración, mientras son recitadas por nuestro lado obscuro, por ese ego que existe dentro de nosotros y nos limita, no nos deja crecer, pero que nos muestra de las cosas el peor de los lados. Habiendo hecho esto, debemos continuar, seguir creyendo, viviendo cada momento al límite, sin pensar en los demás, al igual que al sufrir, porque cada momento de nuestra vida es sólo nuestro, nadie nos lo puede arrebatar y... pensando en ello, nadie tiene razones para echarlo a perder, para obligarnos a algo que no queremos, ni aún cuando lo que deseamos es sufrir.

El mañana

Me gusta despertar con la incertidumbre del mañana, sin saber si después habrá algo más, sintiendo cómo debo tratar de aprovechar este presente que presenta las presencias abandonadas de los días: mañanas y ocasos, las noches desprendidas de la esencia industrial con que miramos la jornada, para muchos laboral. Me gusta despertar e imaginar, imaginarme en mundos diferentes, los míos, viviendo la utopía; sólo para darme cuenta de su imposibilidad, para seguir imaginando y encerrándome en el círculo vicioso de una soledad psíquica e inverosímil.

Pero hay días en los que me siento triste, tampoco es gratis soñar, la tristeza se presenta con un halo místico y obscuro con cara de realidad, con cara de improbable, de estúpido, con cara de botella de vidrio sobre mi cabeza y sangre, recordándome que habrá muchas cosas que no podré hacer, jamás. Sin embargo aprecio esos días y, debo confesarlo, también los disfruto y los agradezco, son el escape a mi cotidianidad.

Odio el latir de mi corazón y la respiración agitada, el detestable malestar en el estómago que producen las grandes emociones y el sabor a sangre sobre mi lengua cuando me golpean. Pero sobre todo odio la incertidumbre de no saber qué pasará, lo que resulta contradictorio porque me produce un placer cuasi orgásmico la emoción de lo desconocido, la necesidad de saber. Todo resulta siendo un permanente sinsentido, nada importa en la medida en que no tiene una explicación lógica o coherente.

De todas formas, hoy me emociona de manera preocupante y me produce una preocupación emocionante saber qué será de mí en relación contigo: todo se junta y es un amoroso odio el que me produce pensarlo.

Pero mañana... mañana estaré llorando porque te vas sin explicación y saldré a caminar absorbiendo la polución como aire puro y dejaré que mis pensamientos vuelen con los pasos lentos de la ciudad, de los ladrillos y el sonido de aceleradores y frenos, de insultos. Tomaré la seria actitud de esperar un momento y me enfrentaré con el peor de mis demonios: yo mismo. Porque érase una vez la víctima y tuvo que convertirse en victimario, porque érase una vez el victimario y se convirtió en víctima, porque érase una vez la luz y se oscureció, y no importó, la noche seguirá siendo noche aunque la luna se esconda, aunque las estrellas huyan tras los bastidores que son las luces de la ciudad.

Mi mañana es un hoy que se vuelve ayer, mi tiempo es una serpiente en espiral, mordiéndose la cola, mi melancolía es una alegría reprimida de conocer la verdad: mis ojos están rojos de tanto arder, mi corazón es un trozo de tela remendado, mi cabello es libre y desordenado, desordenadamente libre, y mi mirada engendra sueños que nunca serán, por eso sonrío, porque lo que vendrá habrá de ir más allá de mis sueños.

miércoles, 25 de julio de 2012

Guitarrista

Siento ganas de caer, pero mi mano se extiende para alcanzarme. Esos pensamientos obscuros que se apoderan de mí, se alejan, permanecen a una distancia razonable de mi fuerza vital, incapaces de atacar, de ir por lo que consideran suyo. Un juego de sombras y luces pelea por mi alma, cada segundo perdido es una victoria y una derrota para alguno de los bandos. Mis manos tiemblan firmemente y mi duda siente dudas.

Me encuentro en el limbo agresivo de la incertidumbre, no sé qué hacer conmigo, pero siento que debo continuar, dejar la cara de pánico y seguir tocando, equivocarme con una sonrisa inmensa en mi rostro, errar cada vez más fuerte, para golpearme con mayor dolor, para levantarme con la cara ensangrentada y seguir luchando, después de todo la vida es eso, la lucha constante con nosotros mismos y con los demás, con la percepción que nos importa de los demás, con eso con lo que creemos que cargamos.

Se rompe la primera cuerda, ya no siento el sudor frío que corre por mi frente, ya no hormiguean mis dedos sobre los trastes y a duras penas veo caer la gota de sangre de mi mejilla: la cuerda me hiere. Mis dedos siguen en su vaivén y mi mirada se pierde bajo las luces del escenario. Pienso en las tantas decepciones que he tenido, en los amores perdidos, en los solos fallados, las audiciones acompañadas de insultos, los acordes malogrados y mi pésima voz. Pero es preferible saber que piso el escenario con el público dándome la espalda que tocar con músicos mediocres, con un público inexistente. Prefiero ser el peor de la banda, el que sangra en el escenario y falla sus notas, que ser el mejor de los que se dicen hacen música.

Siento ganas de caer, pero allí los veo, el bajo, la batería, el piano, la voz y la guitarra me ayudan, me dan la fuerza para salir, para continuar con mi voz de tarro y mis notas malogradas sonriendo, cantando, fallando y recibiendo las botellas que me merezco. Recuerdo que también amé, que he amado con el alma y que por esa razón han habido días excelentes, días tristes, días amargos, pero también recuerdo que siempre han estado allí, siempre están los fans, mi familia, mis amigos y mi banda y que ellos siempre están allí en los días difíciles, que siempre me respaldan, que, como en este momento, me escudan de las botellas y los vidrios que caen sobre el escenario. Pero hay peleas que deben llevarse a cabo en soledad, así que intento el solo de nuevo y por fin suena, mi voz sale tan clara que alejo el micrófono y proyecto mi voz más allá de mis sueños, los convierto en realidad y todo termina. No volveremos a tocar allí y quizá en ninguna parte en algún tiempo, pero no importa, ellos están ahí, siempre están, me felicitan. Y yo recuerdo que siempre ha habido alguien que me dice eso y que es por ellos por quienes seguiré fallando solos y dando mi mejor esfuerzo, por quienes seguiré saliendo con nervios a la tarima y siendo lo que quiero ser, pero, más aún, lo seguiré haciendo por mí, a fin de cuentas yo escribiré mi historia.

martes, 8 de mayo de 2012

Agonía

Despierta... ...  ...Despierta... ... ...Despierta.

-¿Para qué me despiertas, si por tí dormiré eternamente?

...Para terminar con tu pesadilla...

martes, 17 de abril de 2012

La recordaba en sus olvidos...

lunes, 23 de enero de 2012

Sueños (Cortometraje)




Dream on, until your dreams come true...