miércoles, 28 de abril de 2010

Puntos suspensivos...

El problema está en que la paradoja permanece latente, permeando la vida. Cuando se piensa en abandonar y dar la batalla por perdida, siempre aparecerá un "General salve usted la patria" y las cosas cambian, y cuando se está en la cima de la montaña, el vértigo invade al ser y cae...

Un pleonasmo de cínica adversidad acompañando al pensamiento en momentos determinantes, en amores rotos y amistades perdidas, olvidadas... siempre, a la espera de caer, pero...haciéndolo de tal modo que quede una posibilidad que siempre sucede, que de respuesta a la pregunta y cure la enfermedad... El mundo acaba con nosotros, nos desgasta infinitamente, jugando con nuestra suerte, haciéndonos caer después de tocar las nubes, de sentir la euforia de la victoria a último minuto, en el último movimiento...

Puntos suspensivos en la vida, en cada acto, pensamiento, jugada, sentimiento; puntos suspensivos que nos acaban la vida en una sonrisa, un abrazo, un beso, un amor, una vida... Puntos suspensivos que pintan la puerta roja cuando la quieres ver negra, que te abren los ojos cuando quieres cerrarlos... y que se presentan como dilemas que recuerdan antiguas situaciones y antiguos temores... puntos suspensivos que...en la vida... pueden llegar a romper...

lunes, 12 de abril de 2010

Deconstrucción de un momento de oscuridad sensacional

Se encuentra ojeando las páginas de su diario y encuentra una foto que trae recuerdos, algunos vagos, otros, infortunadamente claros, tanto, que puede evocar a la persona que habitaba su cuerpo en ese entonces. Reacciona su corazón a pasadas sensaciones que a veces reaparecen, que tratan de apoderarse de él, pero la vida le ha dado duro y por esa razón trata de evadirlos, aunque, en algún momento no pueda más que enfrentarlos, darles la cara y, quizá, perderse en el abismo de las sensaciones, de la nostalgia, la tristeza y la melancolía, como pasare algún tiempo atrás. Es por eso que, hoy, cuando mira la foto y siente sobre sí el peso de los recuerdos, se decide a salir, sin miedo al dolor, a combatirlos. Pero ya se han ido y sólo dejaron un mensaje de disculpas por no llamar, así, que vuelve a su vida y recuerda que, otrora, su miedo escapó sin siquiera mirarle.

miércoles, 7 de abril de 2010

Romance de una tarde de lluvia

La lluvia bajaba por las canales y se veían los chorros caer hacia el andén... llovía por primera vez en mucho tiempo. El sol había desaparecido a medio día y lo despidió una nube gris, casi negra que avanzaba lentamente sobre la ciudad; mientras tanto, un personaje de apariencia común: jeans azules, buzo negro, converse rojas, miraba a una muchacha pasar, la más hermosa del mundo, pensaba. Y lo era, lo era tanto, que la nube gris había estado siguiendo su aroma y por eso ahora se encontraba sobre ella, lo era tanto, que la tarde había pasado desapercibida para todos, exceptuando a nuestro personaje, lo era tanto... que él permaneció en silencio y sus pensamientos cesaron, y sólo podía mirarla.

La muchacha siguió su camino, ignorando, quizá, o quizá no, porque con las mujeres uno nunca sabe, que la miraban, que alguien había detenido su vida por un momento y había vuelto a vivir en su caminar, sin saber que el amor había nacido por una mirada a sus ojos, grandes, con un color entre café y negro, que cambia de acuerdo con su estado de ánimo; sin saber, que alguien cayó perdidamente enamorado por ser ella, y no otra persona, porque quién se enamoró de ella fue un soñador. Y él, que ese día se había levantado con una corazonada extraña, de esas que le dan sólo cuando algo va a pasar, se levantó de la banca, cerró su libro y avanzó hacia ella, sin que ella se percatara, o quizá si lo hiciera, pero lo disimuló, de que la seguía; todo esto, mientras la lluvia caía suave y lentamente sobre la ciudad, que lavaba y purificaba el amor que había nacido y descansaba, porque sabía que ella estaría con la persona indicada.

La muchacha, que pensaba en cualquier cosa, como, por ejemplo, el porqué había llovido ese día y no otro, o... qué libro empezaría a leer, avanzó por la calle hasta entrar en un café, de esos a los que van los poetas de los libros de Kundera, o esos en lo que se ve aún una greca y atiende una señora de avanzada edad, se sentó en una banca, pidió un café, capuccino, por cierto, y sacó un libro, era de Benedetti; segundos después, entró él, se sentó a su lado y empezó a escribir en una pequeña libreta que tenía en su mano al entrar. Pensaba y escribía lo que le diría, la miraba y escribía para ella, sólo para ella, olvidando que allí estaba el rincón al cual nadie accedía, donde guardaba todo aquello que le era importante, toda su historia, escrita de una forma tan bella y tan sutil, que nadie entendería sus palabras, a menos que le conociera; escribía la vida que tendrían juntos, los proyectos que tendrían, los viajes que harían, las sensaciones que sentirían sus cuerpos al tocarse desnudos, se imaginó abrazándola al mirar las estrellas, porque las estrellas siempre habían sido su guía, se pensó feliz, por primera vez en su vida, y se pensó feliz al lado de la mujer que iluminó su mundo en una tarde de lluvia, y así, con la idea de ser feliz, se levantó, avanzó hacia ella y le dijo: ¡Te amo!

Ella lo miró de arriba a abajo, volvió al libro un momento, tomó un poco de café y soltó una carcajada, tan sonora y tan contagiosa, que la señora de avanzada edad, dejó caer la bandeja, los poetas dejaron la discusión, que se empezaba a tornar violenta, los músicos que improvisaban pararon la música y todos, todos los clientes, dejaron sus actividades para reir con ella, para reir con el mundo sin tener una razón, todos, menos ella, que se burlaba del hombre extraño e idiota que le había dicho que la amaba sin conocerla, sin saber que ella es una princesa para quien el amor no existe, que piensa en lo ridículo que resulta el romance, aún más si es con ese sujeto despeinado y vestido humildemente, que a lo mejor todavía es virgen y no sabe de placer... y, simultáneamente, ese muchacho despeinado y vestido humildemente escuchaba, detrás de las risas del café, la voz de Silvio Rodríguez cantando ojalá, y con la mente enviaba su mensaje, el de Silvio, deseando que esa no fuera la verdad; y sintiendo las lágrimas, puras, tibias y saladas caer sobre sus mejillas, salió corriendo, dejando sus cosas en el café, todas, menos su pequeña libreta, y corrió, corrió con todas sus fuerzas, sin pensar, y se sentó bajo el puente, que recibía las gotas, ahora agresivas que caían y ennegrecían el firmamento, y leyó entonces su vida, mientras pensaba en Goethe y se imaginaba como Werther, y se dio cuenta, de que su libro, su vida, eran simplemente una carta de suicidio que se auguraba para una tarde de lluvia torrencial, y decidió entonces seguir su destino: se levantó y corrió al puente, rodeándolo, llegó a la cima de éste y, abrazando su libreta, se lanzó al vacío, que realmente no lo era tanto, porque lo recibió el piso y luego fue aplastado por un auto.

Esa noche, como a eso de las siete, el noticiero hablaba de la muerte de un joven que, desesperado, saltó de un puente y fue arrollado por un auto, y que llevaba una libreta que terminaba con la frase al fin seré feliz.

lunes, 15 de marzo de 2010

Reflexiones en la Alcoba, parte 2

Y allí está... abrazada a su cuerpo, desnuda, respira suavemente, sulcemente sobre su pecho, su cabello suave, despeinado.... (parece como si hubiese sido ayer... ¡qué dulce que se ve!, esto es el amor de Kundera), entre las sábanas duermen pensamientos tranquilos, aunque acaben de llegar, aunque hayan corrido y estén aún mojados, porque la lluvia está ahí todavía, cayendo sobre la ciudad.

Despierta de su sueño, ha dormido un par de horas, minutos quizá...desde que cayó de bruces contra la cama y siente su suave respiración sobre el pecho, (la extraño.... eso es lo que pasa, pero ya se ha ido, se marchó y no esta acá. Estoy como al principio, buscando mi razón, ¿hay una razón?, no importa.... de todas maneras ella ya no está). La vida le recuerda a cada instante que no se encuentra con ella, que no está con ella, que desaparece y reaparece en sus sueños, atormentándolo, o quizá, sacándolo de ese vacío que contiene su existencia....

Sus manos hermosas que vuelven melodía los garabatos de las partituras, y sólo el sonido de la belleza: una profunda tranquilidad que le recuerda un medio día de Abril, porque ése es el mes que más le gusta. Siente la suave brisa que entra por la ventana y siente la calidez del sol que alumbra la habitación, el mismo sol que le despierta...(La música, las notas, allegrettos... todo me lo recuerda, es la música misma en mi alma, no puedo continuar así, debo reconciliarme con el pasado, debo buscarla....). Vuelve a Dormir y en el aire queda el pensamiento de pedir perdón al pasado...
(Continuará...)


miércoles, 24 de febrero de 2010

reflexiones en la alcoba

Estando las cosas como están, se aleja de la ventana y trata de olvidar sus pensamientos, pero se hace imposible escapar del laberinto de posibilidades reales e irreales ,aunque ya no pueda distinguirlo, luego de estar tanto tiempo vagando en las sombras de éste. Despierta, como si hubiese estado soñando despierto con los ojos abiertos, como si la vida fuese un sueño, para aterrizar en esa extraña realidad que a diario le acompaña... un vago recuerdo de un acorde único, una visión imaginaria de un futuro distante que inicia con una percepción diferente del pasado, un rezago de pensamientos materializados en opciones de vida, en cambios substanciales en la colectividad, pero... sin una respuesta, de sus inconscientes reflexiones sólo queda un lejano pensar, una incapacidad de expresar sus sentimientos y una mirada al vacío, como si allí hubiese siempre estado la respuesta y nadie lo notase...

Vuelve a asomarse a la ventana, ya que las formas que se dibujan ,o que dibuja en el techo, le impiden pensar con claridad (¡Ja!, como si alguna vez lo hubiese hecho); y ve a lo lejos el atardecer, con su naranja, casi rojo y finalmente rojo, antes de ser azul, característico, una vida desperdiciada en vanas reflexiones, en música olvidada y rimas perdidas, en libros prohibidos para mentes normales... y encuentra una extraña forma en el cielo, que le recuerda a Magritte, al falso espejo y piensa una vez más (pareciera que vivimos en una paradoja constante. Siempre vemos que los ojos nos muestran lo que somos, pero no quienes somos en realidad, pareciera que algo quisiera salir de allí, como si existiera aquello que llaman alma, como si estuviésemos condenados a mirar a los ojos y descubrir deseos reprimidos, realidades tristes de miradas soñadoras que anhelan la libertad, pero... por otra parte, nos es imposible pensar como Descartes, como si realmente fuésemos algo extra corpóreo, la vida es una paradoja constante, donde hacemos lo opuesto de lo que pensamos, oímos, vemos, tal vez la realidad nos engañe, o sea la imposibilidad de llegar más allá, de ser limitados...).

(Basta de pensar, es increíble que viva perdiendo mi vida en esto, como si alguna vez hubiese encontrado algo en ello. Además, ni siquiera puedo evitar que los recuerdos vuelvan a dejarme en sombras) Da un par de vueltas por su alcoba, mirando a Magritte y a Dalí, queriendo ser el hombre invisible dentro del falso espejo, ya que siempre le ha apasionado el surrealismo, anhelando la Insoportable Levedad del Ser, quieriendo ser liviano y salir volando, desaparecer en las estrellas que ahora alumbran la nube tóxica que se ciñe sobre la ciudad, tal como se presenta el panorama de su ventana; de su cuarto ubicado en ese lugar tan alejado del ruido (¡maldita sea!, necesito distraerme), dónde tiene una hermosa vista (a ella le gustaba esta vista, este lugar, pensó en mi cuando imaginó este lugar, le gustaba mirarme pensando y darme un beso en la boca para relajarme...) de la torre más alta de la ciudad, de la plaza de toros (la plaza... recuerdo el día en que la vi por primera vez, con sus marchas sobre derechos de los animales, recuerdo que me resistí a gritar contra la manifestación sólo por verla bien, por oir su voz...), de la luz de la ciudad, esa que tanto amó en sus momentos de alegría (la ciudad, los cafés, los bares, los conciertos, las universidades... las personas, todo entrelazado en un proyecto de vida, en deseos de vida intensa y tranquila reflexión, y... otra vez... la paradoja, vivimos en una paradoja, no somos diferentes de aquellos que esconden su provecho en las intenciones del pueblo, ni siquiera ella lo fue... ella... ¡ELLA!, ¿por qué todo tiene que ver con ella?) y regresa a su cama, mira en derredor y ve los cuadros, una vez más y siente la pasión del conocimiento de lo ignorado, de lo imcomprensible (el surrealismo... limítate a sentir, no hay un significado, aparentemente, pero... algo nos debe decir, quizá si estuviese aquí lo comprendería... ¿otra vez ella, por qué?), su pasión por lo oculto le recuerda la razón de los cuadros, lo único que cuelga de las paredes de su habitación en lo que se refiere a su gusto por la pintura: el hombre invisible cuelga en la pared que da hacia el oriente y el falso espejo cuelga en la pared que da hacia el sur, la puerta de entrada de ésta es por la misma pared del primero, y el cuadro se encuentra entre ésta y el closet de color madera, que se encuentra frente a la ventana, empotrado en la pared. El segundo, es la primera imagen que se ve, detrás de la cabecera de la cama, que hoy tiene un tendido de color azul. Sigue observando su alcoba, recordando, haciendo visibles los recuerdos que no hace mucho fuesen alegrías, cada objeto, una sensación: la guitarra pintada en la pared, su favorita, obra de ella, que le recuerda su llegada al hermoso lugar....

(Continuará)

domingo, 21 de febrero de 2010

momentos de tristeza

¿No han sentido nunca a la soledad rondando a su lado?, saliendo a su encuentro si nhaberla llamado, a la espera de mostrar su horrorosa sonrisa, la de la realidad en medio del mundo fantástico que has inventado, o tal vez como una imagen plasmada en los lentes con los que sueles ver el mundo.... haciendo real la pesadilla y pesadilla lo real....

Hace tiempo que las cosas no eran así, pero parece ser inevitable el conflicto en medio de la vida, como si la dama deseara que cayéramos de vez en cuando en la inevitable pesadez, o levedad (en palabras de Kundera) del ser...

La pasión violenta de ser el que asesina y el que es asesinado en un mundo de novela, de Shakespeares y Kunderas, de Kafkas y Goethes, una pasión de ser Werther y ser Tomás, o ser Teresa, en medio de su tristeza, de su melancolía y sus celos por Tomás... el ser un Werther entendiendo que Lotte jamás será suya; un Gregor Samsa convertido en un monstruo, meditando sobre la razón de su vida y un Kafka que complementa su carta al padre con el personaje de Gregor....
Este es un día en el que las cosas se encuentran así, donde la música tiene un nuevo sentido, un viejo olvidado que vive en el país del no dormir, en la calle melancolía, en medio de un desierto de penas ahogadas en alcohol y de palabras al viento, de mundos convertidos en ceniza y de canciones de amor imposible, de soledades...

viernes, 5 de febrero de 2010

Poesía eres tu!

y es que poesía eres tu,
esos ojos soñadores, puertas de marfil,
sonrisa de arco iris,
sueño de luna, estrella de la mañana...
y tus manos, rojas rosas de mi corazón,
pétalos tus dedos y espinas tus principios,
espinas que rompen realidades para perderme en ti...

y es que poesía eres tu
y sigues pensando que no te quiero,
si por ti hablan las palabras de salen de mi boca,
si es que iluminas la vida del que escribe
y te conviertes en musa de sus realidades,
y aún así sigues pensando
que esto es un falso amor,
quedas con paranoia de infidelidad y dolor en tu corazón pero...
en lo que a mi respecta, imposible de igualar, amor